Desde hace algún tiempo he ido guardando en una caja roja algunas historias, relatos, microcuentos y pensamientos. Algunos reales, otros imaginarios. Ahora los comparto con vosotros...

martes, 7 de octubre de 2014

La Luna y el Mar



Cuenta la leyenda que, al principio de los tiempos, la Luna tenía miedo a la oscuridad. No soportaba estar en tinieblas y no conseguía superar su temor. Peleaba con el Sol para que le dejara quedarse a su lado durante el día y descansar junto a él cada noche. Pero el Sol, poderoso y brillante, no quería compartir su cielo con ella. Con sus primeros rayos de cada día la apartaba de él y a la Luna no le quedaba más remedio que desaparecer.

Una noche la Luna buscó refugio en el Mar. Quería esconderse en algún sitio donde sentirse segura y encontró un hueco detrás del horizonte, a salvo de la oscuridad. Allí permaneció llorando, lamentándose de su miedo y negándose a salir de su escondite.

El Mar, al encontrarse con la Luna en tal estado y haciendo gala de la inmensidad de su paciencia, se dirigió a ella con toda la calma de la que era capaz.

- ¿Por qué lloras, Luna? - le preguntó.
- Me da miedo la oscuridad. - respondió la Luna entre sollozos.
- ¿Y por qué te da miedo la oscuridad? - siguió preguntando el Mar.
- Pues... Porque no se ve nada, no sé qué hay alrededor... ¿Y si hay alguien que me quiera hacer daño? ¿Y si me pierdo? ¿Y si no sé a dónde tengo que ir? - replicó la Luna casi sin poder parar de llorar.
- Entiendo... - la calmó el Mar. - Por favor, acompáñame. Quiero mostrarte algo.

La Luna dudó un momento si salir de detrás del horizonte. Seguía sintiendo miedo, pero el Mar conseguía transmitirle calma y, además, iría acompañada. Finalmente aceptó salir, muy poco a poco, muy despacio, hasta quedar a muy poca distancia por encima del horizonte, casi sin separarse del Mar.

Cuando estuvo allí, el Mar le dijo en voz baja:
- No mires hacia arriba. Fíjate en tu reflejo en mi, mira cómo brillas...

La Luna hizo caso al Mar y pudo ver como su luz se extendía sobre el Mar con un espectacular color plateado. El Mar tenía una luz como nunca había visto. Sin poder dejar de sorprenderse, escucho al Mar decirle:
- Mira ahora hacia esos árboles de la orilla.

Al mirar hacia donde le indicaba el Mar se maravilló aún más. Los colores verdes, marrones, amarillos, rojos... Todos brillaban de una forma especial, resplandecían serenamente con toques sútiles que transmitían paz.

- Ahora puedes mirar hacia arriba y ver quién te espera.- le susurró lentamente el Mar.

La Luna alzó la vista y contempló el mayor manto de estrellas que nunca pudo imaginar. Brillaban, tililaban, bailaban entre ellas, jugaban y retozaban sin parar alrededor de la propia Luna como en una fiesta sin fin.

Sin saber qué decir, la Luna miró al Mar. El Mar, aún más en calma, le dijo:
- Todo lo que ves, es gracias a tu luz. Tú eres la que ilumina la noche, tú eres la que haces desaparecer la oscuridad de los demás. Por favor, no nos prives de tu presencia cada noche.

Así fue como la Luna perdió su miedo y decidió pasarse las noches iluminando tanto cómo le fuera posible. Y, en agradeciemiento eterno al Mar, decidió reservarle cada noche su mejor luz, para regalársela y reflejarse en él como en ningún otro lugar.

lunes, 29 de septiembre de 2014

Otoño




El otoño es bohemio.

Días soleados intercalados con otros de cielo encapotado y nubes amenazantes. Ni el calor sofocante del verano ni el negro frío del invierno. El olor a tierra mojada después de una noche lluviosa. El marrón de las hojas que quedan en los árboles reflejándose en el marrón de las hojas que ya cayeron. El viento que golpea las ventanas y agita los primeros abrigos que lucen por las calles.


El otoño es melancólico.

Son recuerdos de la infancia. Juegos en la calle, apurando los últimos momentos del día, antes de que el sol se despida temprano y de la bienvenida a la luna. Un balón que cae en uno de los charcos del improvisado campo de futbol formado por líneas y porterías imaginarias. Una carrera con los amigos para ver quién es el más rápido de la pandilla y que todos en el colegio lo sepan. Unos tebeos nuevos para leer en la cama con la primera gripe del curso.

El otoño es reinicio.

Es el tiempo de nuevos tiempos. Un propósito más realista que los de cada nuevo Año Nuevo. Una pequeña vuelta de tuerca a las rutinas de siempre. Esas no cambiarán mucho, son rutinas porque gustan y forman parte de la propia vida. Uno no es lo mismo sin sus rutinas. Antes era tiempo de nuevos fascículos, nuevas colecciones, muchas de ellas inacabadas para siempre. Ahora ya no hacen falta, el conocimiento y los objetos se compran a distancia y están siempre ahí, a un clic. Se gana tiempo, pero se pierde la ilusión de esperar a que llegue el o la siguiente.


El otoño es equilibrio.

La inocencia de los primeros años y las pequeñas locuras de la juventud dejan paso a la serenidad tranquila de la madurez. Ya no hay que exprimir al máximo los días soleados, sólo hay que disfrutarlos con calma, saborearlos con lentitud, sentirlos despacio para que nada se escape. Por si el siguiente ya no es así. Y los días nublados apetece resguardarse en el espacio de confort, invitando a ejercitar la memoria, la buena memoria.


domingo, 28 de septiembre de 2014

Microcuento

Odiaba la montaña rusa. Las subidas, las bajadas, los mareos, el miedo... Pero tenía un abono que no quería desperdiciar.

lunes, 15 de septiembre de 2014

jueves, 21 de agosto de 2014

Microcuento

- Dicen que es mejor tarde que nunca.

- Entonces, contigo, que sea tarde...